La leyde Igualdad de Genero aprobada en algunas Comunidades Autónomas Españolas.

Esta es la punta del iceberg; alquiler de vientres , las granjas de mujeres, la figura femenina una vez más a los pies de los hombres y el patriarcado.
Pero abre la puerta a una deriva que se inicia y por la que fácíl mente se puede aterrizar en un barranco.
Tenemos que tener claro que el sexo ha definido nuestro genero.Y siempre ha sido digamos que, bastante evidente, ver la diferencia.
Hasta ahora nacer varón o hembra , no es una cuestión de deseo; se nacía y con suerte te recibían decentemente. Es muy sencillo tus caracteres secundarios hacían el trabajo.
Primero sexo y luego se adscribe a uno u otro genero, masculino o Femenino.
Si ahora empezamos a luchar por el ser o tener no atribuciones de: igualdad civil , igualdad política, Igualdad sueldo….En fin de ser iguales en función de que hombres y mujeres tenemos la misma capacidad intelectual,que ya nos ha costado que la ley lo tenga escrito como norma, y por lo tanto de hacer que se cumpla, como algo cierto, lo que ni mucho menos significa que sea cierto en la vida de las mujeres de a píe.
Aprobar esta Ley implica que hombres,que han vivido como tales, que no saben que es vivir como una mujer desde que naces; la Menarquía – regla-, dolores menstruales…Hormonas desde muy pronto ,antes de la regla, en ebullición. Embarazo que es un riesgo que no tiene en la mayoría de los casos una culminación en un parto fácil,y que ha sido hasta el primer cuarto del siglo -XX – un trauma Físico y Psíquico .
Y en la vida de todos los días .¿Como va a sabe una mujer que está casándose con un señor y viceversa, si están operados/as , y no es necesario un examen ni físico psíquico. En fin que va a ser más complicado sacar el carnet de conducir que cambiar de sexo y más barato.
¿ Vaya por delante que yo he celebrado mucho el reconocimiento de los logros de la comunidad LGTBY, porque las mujeres que tenemos un pensamiento Feminista y hemos seguido las dificultades de nuestras predecesoras sus luchas y padecimientos por llegar a ser consideradas como”personas”, hemos estado ahí con nuestras compañeras de infortunio, porque entendemos…Somos empáticas hacia ellas y ellos, ya que como mujeres gestantes y más tarde madres y, — este es el meollo de la historía; nosotras, las mujeres feministas o no, somos las madres de los futuros hombres que nos han puesto trabas a lo largo de toda la historia. Y la cosa sigue.

Cita

FB_IMG_1455307374535.jpgParece una postura de sumisión. Y es que la situación de la mujer, durante; ésto es sólo, ironía, y ahora la postura a la que la gran mayoría de la sociedad, aunque nos duela decirlo o dicho de otra forma ; había un silencio que indica a pensar que habíamos superado muchas de estas ideas que ,en falso ; se aceptaban por hombres y mujeres ya que estaba mal visto “viejuno” ,decir wqu la mujer tenía un lugar en la sociedad que todo el mundo ,sabía en el fondo cual era.   Ni más ni menos que el de siempre ,pero con otra fachada, y había conseguido votar ,trabajar, tener sus c/c,..estudiar..,vivir sola. Incluso hacer y hacerlo públicamente “comentarios alusivos y denigrantes relativos a la masculinidad masculina”;.  Qué si daban la talla. Pretendían que los hombres hicieran todo , al alimón, y en total igualdad con ellos. Todo esto digamos que coló, pero llegaron los populismos de Izda y Fecha, y algo latente y alimentado con lo mejor de cada medio de masas ecloxionó: – el idilio había terminado. Y la imagen de la sumisión femenina se volvió el sueño de una sociedad, esta vez pasada por universidad y demás pero muy bien manipuladas y, consentida en su pequeña esfera de confort,en el que siempre hay una madre trabajando en casa o dentro y fuera de casa. Una abuela ,una persona que ayuda para que las cosas no se tuerzan definitivamente y que suele ser mujer.

El populismo , los más media, las redes llenas de todo… En fin nuestra supuesta pequeña liberación se ha ido a dar la vuelta al mundo y toca salir ahí fuera pera traerla de nuevo a nuestra vida y si puede ser mejorada . Al fin y al cabo ya ha visto mundos y la mirada tiene que ser más compleja, más abierta, y solidaria.No te confundas ; no somos sumisas y si te descuidas te abandonaremos porque así,ya no soportamos vivir. * Por esa razón nos arriesgamos diariamente,y diariamente nos matan* 

Si no nos podéis amar, dejadnos tranquilas, dadnos respeto.

¿Por qué importa Natañia Ginzburg?

Natalia Ginzburg.

Pocos escritores han retratado la vida familiar, la erosión y los cambios que produce el tiempo, la decepción o las falsas expectativas con la exactitud y la sabiduría de Ginzburg.

Este mes se cumplen cien años del nacimiento de la escritora italiana Natalia Ginzburg (Palermo, 1916-Roma, 1991). Autora de libros inolvidables como Léxico familiarSagitario o Las pequeñas virtudes, Ginzburg es una gran escritora pequeña, capaz de contar la intimidad y el paso del tiempo. Ligera y profunda al mismo tiempo, su obra muestra una extraordinaria capacidad de percepción de las aristas del ser humano. Tras su prosa aparentemente modesta y natural hay una mirada comprensiva y un relato en off del siglo XX.

En 2002, Ignacio Martínez de Pisón escribía en las páginas de Letras Libres:

su imagen se aviene bien con la que uno ha acabado formándose de las protagonistas de sus historias, con esas mujeres indecisas y melancólicas, desorientadas, huidizas, conscientes solo de su condición incolora, frágiles o directamente rotas, culpables sin culpa alguna, atenazadas por la vergüenza, adultas contra su voluntad, mujeres que en buena parte desconocen sus propios sentimientos, que se sorprenden por el interés de los hombres, que se embarcan en matrimonios equivocados y en un momento u otro tienen que enfrentarse al vacío de la propia existencia… Con personajes así y con los episodios nunca extraordinarios de las crónicas familiares (las muertes y los nacimientos, los noviazgos y las bodas, las separaciones) supo Natalia Ginzburg levantar un mundo al mismo tiempo delicado y consistente, minúsculo y grandioso, íntimo y universal, y uno no puede sino preguntarse por qué ha sido tan escaso el eco que su obra ha obtenido en nuestro país.

La descripción de la obra sigue siendo precisa. Pero desde que Ignacio Martínez de Pisón escribió estas líneas, Ginzburg ha ganado reconocimiento en nuestra lengua. Su aniversario ha coincidido con la publicación en Acantilado de su segunda novela, Y eso fue lo que pasó, y la reedición en Lumen de tres de sus libros: la obra autobiográfica Léxico familiar, la novela Todos nuestros ayeres y la recopilación Las tareas de la casa y otros ensayos. Hablamos sobre su obra con la escritora Aloma Rodríguez, responsable de las páginas culturales del semanario Ahora, y con la poeta y editora Elena Medel, que ha escrito los prólogos de las reediciones de Lumen.

La familia es uno de los grandes temas de Ginzburg. ¿Qué importancia tiene en su obra?

Elena Medel: El mundo familiar es el motor y la excusa para muchos temas. Sus libros son pequeñas obras de ingeniería. Detrás de cada frase sencilla hay un trabajo de pulido finísimo. En la ficción, cuando recurre a la familia, tiene algo de excusa: en Léxico familiarutiliza a sus hermanos para hablar de la resistencia contra el fascismo. Y cuando habla de su madre se está refiriendo al papel de la mujer en la Italia de los años veinte y treinta: una mujer cultísima que está a la sombra de su marido. Podría decirse que escribe sobre lo que tiene más cerca para hablar de lo que tiene más dentro.

Todos nuestros ayeres, de 1953, se puede considerar una especie de ensayo de Léxico familiar. En tu prólogo, Elena, dices que es una novela de la guerra sin la guerra.

Elena Medel: Ocurre algo que sabes que está ocurriendo, pero sobre lo que ella no habla de una forma directa. Son muy importantes en su obra los ambientes, las atmósferas: cuatro frases de ella dicen mucho más que páginas y páginas de hechos y fechas. Cuando lees este libro estás más vinculada a sus personajes, al mundo interior. Los pretextos son el anzuelo o el hilo del que va tirando para construir la narración, pero pasan a un segundo, tercero, cuarto plano. Releyendo Léxico familiar me di cuenta de la importancia escasísima que tenía el marido, que apenas aparece en la obra. Ella se casa y no hace referencia. Y su marido fue quien la introdujo un poco en el mundo intelectual.

Aloma Rodríguez: Era una escritora pudorosa con respecto a su intimidad. No cuenta el acercamiento amoroso y de pronto descubres que se han casado.

En otros momentos de su obra, como en Todos nuestros ayeres, hay cosas menores que va contando de forma muy detallada y de repente se produce un gran cambio: “y los alemanes habían perdido la guerra”. Es solo una frase, pero es un cambio de escenario brutal, que tiene algo cinematográfico.

Aloma Rodríguez: A veces las noticias de la guerra llegan mediante otros personajes que están obsesionados.

Elena Medel: Hay fragmentos oscuros, aunque ella solía ser una persona muy luminosa. Incluso cuando cuenta catástrofes no hay punto de pesimismo ni amargura. La imagino escribiendo con luz natural.

También tiene un componente melancólico. Aparece por ejemplo en Léxico familiar, que es, para muchos, la obra maestra de Ginzburg.

Elena Medel: Lo puedes leer como una historia de Italia, pero a la vez como la historia de Europa antes de la Segunda Guerra Mundial. Es también la historia de una mujer que quiere construirse a sí misma. Podría haber tenido una vida fácil, pero se rebela para hacerse a sí misma. Para mí es también una reflexión continua sobre la escritura desde la vida. Cuando cuenta episodios de la infancia ya dice: “siendo niña ya miraba como una escritora”. Porque esos recuerdos los tiene construidos de una manera literaria. El retrato del padre, por ejemplo. Ginzburg tiene algo muy poético. Cada uno de sus libros tiene lecturas diferentes. Leí Léxico familiar hace unos años y este verano lo volví a leer y me pareció completamente distinto.

Aloma Rodríguez: Me pasó también, cuando he releído sus libros me parecen completamente distintos. Permite proyectar lo que tú necesitas: deja suficiente espacio como para que el lector pueda completar la historia y dar el enfoque que necesita, que busca, que quiere.

Elena Medel: Me parece un esfuerzo generosísimo por parte del escritor, esa capacidad de abrir el libro al lector. En mi caso lo siento más en poesía porque creo que es un género que se puede abrir más a esto. Por eso hablaba de lo poético de Ginzburg, que no tiene nada que ver con las metáforas o las imágenes, ni con la música, sino con la actitud.

Aloma Rodríguez: Ginzburg decía: “Escribo esto porque me han encargado escribir de cine, aunque yo no quiero, y además no sé.” Y de pronto se pone a hacerlo y lo logra: escribe críticas detalladas y muy trabajadas. Lo mismo pasa con la política. Poco antes de meterse en política publicó un artículo titulado “Sin mente política”. Era un poco el contrario a la profecía autocumplida: ella decía que no servía para una cosa e inmediatamente después se probaba que sí era capaz de hacerlo.

Hay un elemento que llama mucho la atención de su obra: la sensación del paso del tiempo, y cómo la percepción de los personajes va cambiando con él.

Aloma Rodríguez: Ella explica que ser la hermana pequeña había dejado una huella en su literatura. Tiene la necesidad de contarlo todo, porque al ser la hermana pequeña el rato de atención que le prestaban siempre era corto y debía contar muchas cosas en muy poco tiempo.

Elena Medel: Lo que me gusta de Léxico familiar es que ocurren muchas cosas de las que no nos damos ni cuenta, y además con una naturalidad enorme. Es algo complejísimo. No reflexionó por escrito sobre su método de trabajo, pero creo que fue una escritora de borrador y borrador y corrección continua.

Aloma Rodríguez: Es todo tan fluido que tiene que haberlo trabajado mucho. Es como si cada frase tuviera que ser así y no pudiera ser de otra manera. Eso es un trabajo que lleva muchísimo tiempo. Da la sensación de que juega con el tiempo como si fuera un chicle: las cosas que no le interesan las acorta y otras las estira, pero de una manera muy natural.

Elena Medel: Muy sutil también. Vuelvo otra vez al relato del padre que se prolonga durante páginas y parece que es el protagonista, pero de repente lo abandona por completo. Va haciendo lo que quiere con la historia y con el lector. Es una escritora muy libre.

¿Tiene una manera particular de abordar el mundo femenino?

Aloma Rodríguez: Como hemos dicho antes, era una escritora pudorosa. No suele dar detalles de la intimidad de los personajes, ni siquiera de los sentimientos. Una muestra de esto podría ser el texto “Él y yo”, recogido en Las pequeñas virtudes. De Todos nuestros ayeres, por ejemplo, me parece fascinante la historia de antes de quedarse embarazada. Cómo la protagonista está más o menos enamorada del chico pero se va desenamorando y Ginzburg lo cuenta todo como si no le importara, pero en el fondo dices: ¿cómo puede ser que no le importe? Eso algo que sucede también con la boda.

Elena Medel: En cuanto podía arremetía contra el feminismo. Una vez dijo: “No soy escritora, soy escritor.” Se negaba por completo al femenino. Y es paradójico, porque es una de las primeras escritoras que construyen personajes femeninos tan fuertes, tan independientes, aunque sus circunstancias las superen en muchos casos. Son personajes que tienen la voluntad de ser por sí mismos. Habla de mujeres pero apela por igual a lectores y a lectoras. Y muchas autoras de su generación hacen lo mismo en ese momento. Por ejemplo, Carmen Martín Gaite, que además la tradujo. Martín Gaite quería ser amiga de Ginzburg, pero ella nunca se dio por aludida. O Ana María Matute, más cruda, o Anna Maria Ortese. Es curioso establecer esa casi generación entre lenguas de mujeres de la misma época que escribieron con latidos semejantes.

Aloma Rodríguez: Ginzburg ha sido reivindicada por muchos escritores hombres. Pisón, pero también Félix Romeo, que tradujo Sagitario, que está descatalogado.

Durante mucho tiempo, ha sido una escritora de escritores. ¿Por qué ha ejercido ese atractivo sobre otros narradores?

Elena Medel: Leer a Ginzburg es como asistir a un taller de escritura. Construye los personajes de una forma muy veraz, nunca son blancos o negros, siempre tienen dobleces, matices. Esa forma tan caprichosa de tratar el tiempo, de dominarlo… es una lección tras otra. Atrae esa capacidad de sacar literatura de la realidad.

Aloma Rodríguez: Lo que admiro de ella es la capacidad para atraparte, para escribir de una manera natural y fluida. En mi caso lo que me mueve es la envidia, pero una envidia sana. Por ejemplo, Las palabras de la noche, que tradujo Andrés Trapiello, es un libro dialogado de principio a fin. Es una escritura clásica y al mismo tiempo moderna. Se atrevía a probar cosas nuevas. Tenía una preocupación especial por el lenguaje. De hecho, Léxico familiar surge como la necesidad de explicar una serie de palabras, de mostrar cómo las palabras son importantes. Decía que no quería comprender la realidad, que se conformaba con escribirla. El lenguaje es nuestra herramienta de comunicación con el mundo y con los otros. En Las pequeñas virtudes hay un ensayo sobre las relaciones humanas que es capaz de contar la historia de una vida en unas páginas y que explica también la importancia del lenguaje. Lo que me gusta es, por un lado, que habla del lenguaje sin pomposidad y te reconoces en su texto natural y nada aleccionador. Por otro lado, la capacidad que tiene para captar la vida, las cosas emocionantes, pequeñas.

Elena Medel: Sí, de tratar la emoción sin cursilerías, darle el lugar fundamental que tiene en nuestras vidas y en nuestras lecturas.

Aloma Rodríguez: Ginzburg consigue lo que todo escritor desea: hablar desde lo propio para todo el mundo.

Tiene muchos temas habituales. Pero hay dos que son recurrentes, el tema del secreto y el tema del engaño. Sus relatos a veces presentan a personajes que tienen expectativas equivocadas y las mantienen. Es algo que sucede en Sagitario.

Aloma Rodríguez: Y en Todos nuestros ayeres también. En la primera parte hay un personaje que cree que le va a suceder una cosa y luego no le sucede, y ahí hay un engaño, aunque digamos que es pactado.

Elena Medel: En muchos momentos su escritura trata de sobreponerse o de recuperarse de lo que no ha ocurrido, o de lo que no se esperaba.

Aloma Rodríguez: Sí, o de la fatalidad, que es un poco lo que le ocurrió a ella.

¿Cuáles serían las puertas de entrada ideales a Natalia Ginzburg?

Elena Medel: Empezar por Léxico familiar sería un error, porque es el más deslumbrante. Lo mejor sería empezar por Todos nuestros ayeres, seguir con Las pequeñas virtudes y terminar con los libros de no ficción declarada como los ensayos, la biografía rarísima que hizo sobre Chéjov o el libro de Serena Cruz, como curiosidades.

Aloma Rodríguez: Yo aconsejaría lo contrario: empezar por Léxico familiarporque es la manera de cautivar.

Elena Medel: Hombre, sí, porque si no te gusta Léxico familiar no te va a gustar Ginzburg, es evidente.

Aloma Rodríguez: Y Las pequeñas virtudes es un libro al que se puede ir y volver.

¿Qué es lo que aprendió de Chéjov?

Aloma Rodríguez: Yo creo que es el escritor al que más admira. Se siente hermanada con él en algunas cosas. Primero, la cuestión familiar (hermanos que te desbaratan la vida) y, segundo, la mirada humana sobre los personajes: eso también lo tiene Chéjov. Las tres hermanas es la gran obra de teatro sobre las expectativas no cumplidas.

Elena Medel: Comparten el gusto por los interiores en todos los sentidos, no solo físicos, sino del propio avatar de cada uno. Y tienen la mirada limpia, ambos escriben sin ningún prejuicio.

Aloma Rodríguez: Sí, no tienen ningún juicio moral de los personajes y los miran de frente. ~

El sol me está esperando.

El sol me está llamando, epequeño ya va haciéndose un  pelin más grande; me lleva a la ría.

Hacía tiempo que no entraba en el blog. Lo perdí, o no podía entrar en él por ….,no sé que extraña razón. La historía viene a ser así. Como es un blog sin ánimo de que alguién que no sea yo,y no soy escritora, lo mantengo en forma gratuita.  Qué sentido podría tener un lugar , bueno lo llaman dominio que me imagino que será por condominio, o sea que nadie puede copiar o utilizar lo que escribas para ponerlo o pegarlo en otro lugar. Mirado de esa forma parece correcto, pero presuntuoso. Porque es presumir mucho que todo lo que escribe tenga valor literario. Sin embargo creo que eso es lo que pasa. A mi también me encantaría ser escritora ,pero a día de hoy no lo soy, supongo que por diversas razones pero no me cabe ninguna duda de que la más importante para mí; es no tener el valor de liarme la manta a la cabeza ,perder el miedo, la vergüenza y atreverme a canalizar las pequeñas historias, que definen la vida, de seres que como yo somos nadie; buscar esos personajes que para mí ya tienen diversos nombres porque siempre que escribo una pequeña entrada. Vamos ¡una fruslería! O, pienso en élla, que tiene nombré o nombres que forman como un pequeño vecindario;  Flavia, Amelia, Carmiña o Áurea ,y una vive en el primero izda Antonio en el tercero drcha..,etc. No he escrito Ada de ellas , sí también hay ellos pero no los siento ,mejor dicho me resulta lioso tratar con los hombres, puedo entender incluso compartir sus angustias e ideas; pero y,cada vez más entender lo  que les pasa por la cabeza o ,mejor dicho sus cuerpos. Porque soy de las que pienso que nuestro sexo configura nuestra mente, quizá es que te go prejuicios o soy corta de miras ; no significa lo mismo pero el resultado para mí es que yo no he vivido en el cuerpo de un hombre y como además soy feminista ,no puedo evitarlo¡ Y ya tengo unos años que no es por presumir de experta , es que por suerte y aqui es cuando hay que hacer el brindis al sol obligatoriamente, ¡ Vaya dar gracias por estar viva y relativamente bien, que  es.cierto  sin echar cohetes porque tampoco la cosa ha sido para tanto y tampoco estoy como una rosa ,pero es que no puedes decir ni hay. Ni se te ocurra quejarte de algo,es muy .al visto,por todo el mundo. Nos hemos vuelto muy ¿Calvinistas, protestantes? Como sea que nos convertimos enejueces muy implacables…,es igual que estés ya en la.adurez, no importa, la queja en general siempre ha estado .al vista pero ahora ¡ Después de esta maldita crisis ! Qué ha dejado todo y a todosbajo minimo, o eso es lo que parece del buenísimo aparente no te puedes fiar. A la menor se te echan a la chepa. ¿ Por qué? Les han robado, la sanidad ha quedado por los suelos ,se han quedado sin empleo…etc , y tú que no te e teraste de que èramos ricos, hiciste la vida de tonta hormiga te quedaste sin empleo o con la salud por los suelos o se te murió y estuviste criando, y tus amigas te miran como si fueras un geroglifico egipcio o tu o tu pareja ya no sabéis porque un día se os ocurrío  casaros ; bueno eso si, porqué sinceramente no tuvistéis tiempo para conoceros y luego menos tiempo….No tuvistéis opción y ahora pues aunque perdidos aparte de que económicamente mejor juntos que por separado ….. No creo que ninguno de los dos pueda tener muy claro lo que sentimos ahora el uno por el otro. 

Bueno pues  el sol me está esperamdo. Y se puede marchar, ¡ Y yo ya no me puedo permitir el lujo de que me den plantones!

 

 

 

 

 

 

La narrativa de Charlotte Mew
Tiempos difíciles
Escritora de culto en los tiempos del grupo de Bloomsbury, Charlotte Mew fue una poeta y narradora que, partiendo de experiencias íntimas autobiográficas, supo transmitir la crudeza de las relaciones humanas en la época victoriana y las primeras décadas del siglo XX. Algunas formas de amor reúne cinco narraciones extensas donde hombres y mujeres pasean por los bordes de la soledad y la locura.

Comenzaba a trascender y a ser admirada por escritores de la talla de Virginia Woolf, Ezra Pound y Thomas Hardy, cuando Charlotte Mew, nacida en Londres en 1869, se suicidó tomando media botella de desinfectante. Tenía 58 años y se había internado en un geriátrico porque toda su familia estaba muerta. “Creo que la vida es muy larga. Si fuese más corta el heroísmo sería posible, pero es larga; sólo podemos ser mártires, y el peor martirio no es el sufrimiento, sino la aniquilación; y la muerte más profunda no es morir, sino sobrevivir a la vida”. Como una extensión de sí, Mew le hace decir esto a un personaje de Algunas formas de amor, una oportuna compilación de cinco cuentos largos

Si bien lo que consagró a Mew en aquella época fueron sus poemas, este rescate de su narrativa, da cuenta no sólo del insoslayable valor de Mew como escritora sino de sus obsesiones y su posición política respecto de la sociedad del momento. Tanto las mujeres como los hombres de estos relatos son capaces de rehuir mandatos y abrir preguntas sobre lo que se espera de ellos. Mew misma era un bicho raro en Bloomsbury, el movimiento intelectual cuyos artistas se congregaban en ese barrio londinense. “Un astro distante, una mujer de baja estatura, pelo corto, que vestía traje de hombre”, se la define en el postfacio del libro. “A veces hosca, reservada, medida, llevaba un paraguas negro para defenderse del mundo, y fumaba. Caminaba sola por las calles de Londres, acudía a tertulias literarias (la de Catherine Dawson Scott, su mentora; la de Monro en The Poetry Bookshop) donde recitaba como en trance”. Según su principal biógrafa, Penelope Fitzgerald, al igual que sus personajes, Mew tuvo una vida amorosa desdichada. Su devoción por Lucy Harrison, su maestra en la adolescencia, luego por las escritoras Ella D´Arcy y May Sinclair, nunca fue correspondida. Fitzgerald lo atribuye al rol de sostén económico y emocional que Mew tuvo con toda su familia. Ella era la mayor de siete hermanos. Tres murieron siendo niños y dos fueron internados por esquizofrenia. Tras la muerte de su padre, Mew quedó a cargo de su madre y su hermana Anne, que murió de cáncer tras una larga agonía.

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“Había prometido a mi madre, a ciegas, como se prometen estas cosas, que ‘cuidaría’ de Kate, pero nunca me sentí muy capacitada para aquella tarea”, es la primera línea de “La esposa de Mak Stafford” el relato que abre el libro. Y bien podría aplicarse a la vida real de Mew. Kate, la muchacha a la que hace referencia la protagonista del cuento, es un tanto especial, y quienes la rodean se sienten llamados a protegerla. Hasta que ese debilitamiento muta en poder sobre los otros. “Su actitud era inmóvil. Bien podría parecerse a una muerte consciente. Esta alta figura blanca, presentada de lejos a mi mirada errante, daba la impresión de un sueño perceptivo. Una tranquilidad como de luz de sol parecía recorrer sus venas. Un pinchazo, pensé de manera fantasiosa, podría liberar un rayo y decidir así la recuperación o la extinción de esa silenciosa vida”. ¿Cuánto estamos obligados a dar y a intentar torcer el destino de los otros, en nombre del amor?

En el más largo de los cuentos, “El amigo del novio” –donde enamorarse de la persona equivocada sirve de excusa para mostrar cómo cada cual teje su destino– hay una escena memorable donde una mujer contempla desde la terraza a dos personas gesticulando mientras hablan en voz alta. Ella los llama “especímenes de la humanidad que encarnan la mascarada de la vida”. Bajo la superficie de lo que se narra, Mew pareciera dejar claro que, si el hombre o la mujer no se hacen cargo de aquello que le toca, no hay más que esperar desdicha para sí mismo y para los demás. Y que las apariencias como condición de inserción social, terminan cobrándose la felicidad de la gente.

En el cuento que da nombre al libro, un hombre hace una promesa de amor eterno a una mujer que lo rechaza. Años más tarde él regresa para cumplir lo prometido. Con un epígrafe que da cuenta de manera magistral de la esencia del argumento (“Las almas son casi impenetrables entre sí, y esto te muestra el vacío cruel del amor”) el relato se sostiene por un diálogo imperdible en el que ambos protagonistas se interrogan sobre la verdad de sus vidas.

En “Una puerta abierta”, una chica renuncia de manera imprevista al compromiso con su novio para hacerse misionera, mientras su hermana saca provecho de esa situación. Aquí Mew hace ver cómo el otro nunca es alguien en quien confiar y menos aún, poseer.

“Tu eres casi como una extraña, que habla algún nuevo idioma extraño, que me mira como si hubiera un abismo tremendo entre nosotros. Hace un mes éramos tu y yo y el resto del mundo”.

Y así, hasta el final, donde una pareja de viejos viudos haciendo caso omiso a las presiones familiares y lo que se espera de ellos, deciden en favor de algo que tiene forma de felicidad. “Si un hombre no se puede salvar a sí mismo, nadie puede salvarlo”, dice uno de ellos.

Resulta sorprendente y perturbador leer estos textos de fines del siglo XIX, de una prosa afinadísima, sin trucos ni ostentaciones. De una autora solo preocupada en revelar la complejidad de las  personas, la verdad del alma detrás de sus actos.

Muerte, soledad, locura. Son las marcas de esta obra y que Mew pone sobre la mesa para trazar sobre ellas, el destino trágico de sus personajes. Hombres y mujeres que no alcanzan a redimirse y son plenos responsables de sus elecciones. Toda una declaración de principios impensables para aquellos tiempos victorianos.

Y lo que no puede dejar de subrayarse: por su profundidad y exactitud queda claro que la fuente de estos relatos es la poesía. “Si pudieras ver mi corazón” dice ella a su amado, sabiendo –y haciéndonos saber– que en esa afirmación va también su imposibilidad.

Algunas formas de amor Charlotte Mew Periférica 228 páginas

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CONXURO DA QUEIMADA; VERSIÓN FEMINISTA.

CONXURO DA QUEIMADA | VERSIÓN FEMINISTA

Mouchos, coruxas, sapos e bruxas.
Demos, trasgos e diaños,
espiritos das nevoadas veigas.
Corvos, pintigas e meigas,
feitizos das menciñeiras.
Podres cañotas furadas,
fogar dos vermes e alimañas
lume das santas compañas.
Mal de ollo, negros meigallos, cheiro da morte, tronos e raios.
Ouveo do can, pregón da morte, fuciño do sátiro e pé do coello.
Pecadora lingua que ten vergoña de falar galego.
Averno interior de cada un,
lume dos cadáveres ardentes,
corpos mutilados das decentes,
inxuria dos poderosos cus,
muxido da mar embravescida.
Barriga valente da muller solteira,
falar dos gatos que andan á xaneira,
guedella porca da cabra ben parida.
Con este fol, levantarei as chamas
deste lume que asemella ó do inferno,
e virán as meigas a cabalo das súas vasoiras,
índose bañar na praia das areas gordas,
¡Oíde! ¡Oíde! os ruxidos que dan as que non poden deixar de queimarse
no augoardente,
quedando así purificadas.
E cando este brebaxe baixe polas nosas gorxas,
quedaremos libres dos males da nosa alma e de todo embruxamento.
Forzas do Ar, Terra, Mar e Lume
¡A vós fago esta chamada!
Si é verdade que tedes máis poder que a humana xente,
eiquí e agora,
facede que os espiritos das amizades que estean fora:
¡Participen con nós desta Queimada!

* O alcume “Galo” da celanovesa Patricia Gómez ven da Taberna do Galo pertencente a súa familia, concretamente da súa avoa Concepción Rojo Pérez e avó Manuel Gómez Álvarez, e que lle da título ao famoso libro de Celso Emilio Ferreiro, A Taberna do Galo. Noutra ocasión contaremos unha anécdota sobre este libro e a súa sona.

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Un comentario en “Conxuro da Queimada | Versión feminista”
Santiago
8 septiembre, 2019 de 12:43 PM
Por fin! Graciñas , me lo quedo!

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