Nuestro pelo está vivo.Voy a mimarlo.

Siempre he sido de las que no le han prestado demasiado tiempo a mi cuerpo. Pero creo que me ha llegado el momento de hacerlo. Y voy a intentarlo de forma terapéutica y tradicional si puedo. Por eso estas recetas que iré colgando en el blog , tendrán el fin de hacer que mi cuerpo se sienta mimado. Tengo el pelo teñido y con moldeado; y soy tremendamente vaga para ir a la peluquería o al instituto de belleza, dejando a un lado que sea asequible o no económicamente. No me gusta, pierdo un tiempo, que antes no tenía y pocas veces he salido contenta con los resultados. Las razones son variadas; ahora básicamente, es que como no estoy acostumbrada salvo para hacer cortes o moldeados ,a ir ; sencillamente… Es difícil que me guste, porque no atinan a interpretar lo que quiero y, voy a lo esencial. Llegó a casa y dehago el peinado y me peinó yo.

A las que somos estilo Juan palomo,yo me lo guiso yo me lo como es difícil que nos guste lo que mágicamente imaginamos y que pocas veces conseguimos. Así que aprendemos a trabajarnos el pelo ,o a no trabajarlo ,como es mi caso ,en este momento. El moldeado , que ya he conseguido que me lo hagan más o menos como quiero, ha sido mi descubrimiento de estos cuatro últimos años. Por esta razón ahora pretendo cuidar mucho este cabello que resulta castigadillo para darle esa forma que me permite en apenas tiempo y con mis dedos darle volumen y forma. Y así ahorrar esfuerzo ,dinero y tiempo; ingredientes que traslado a cosas que me satisfacen. Aquí debajo dejo el enlace de la mascarilla de hoy. Ésta nueva forma del blog no la dominó pero las cosas cambian y tengo que adaptarme a ellas.

¿Qué hay de tí en mi, mamá?

  •  
  • Estoy leyendo.

La novela- autobiográfica  Apegos Feroces ,de Vivían Gornik. Es feroz, la novela, a la escritora crées que la puedes estar conociendo ,mentira, en una autobiografía ,biografía… Se está recreando literariamente una vida y eso es imposible, ya que cuando re- lo que sea que intentemos hacer ; en este caso escribir, lo estamos trasformado en literatura. Puede que se intente hacerlo muy contenido, como es este caso, o a expuertas ,no importa. Ya que cuando las palabras salen de tu boca para formar una oración y luego se cuelgan en la percha de papel; en ése proceso hemos hecho ya, tres construcciones con sus acotaciones y ángulos muertos . Voy por la página 100- y creo que lo peor del proceso ya ha pasado, me refiero a la metamorfosis de la protágonista nuestra escritora si me tomo como una autobiografía ,y eso es lo que cuenta el prólogo y pone la contraportada. Me refiero al momento estrella, pero sinceramente aún espero de esta ” madre” algo más . Y de su hija es mucho más fácil que lo que no me entregué totalmente en esta ,para mí, fabulosa novela en la que sobre todas las cosas no sobra nada, porqué su autora define concisante cada momento, no es una trágedia, es la vida  que se más rica en una relación  madrem- hija, muy intensa que ella denomina feroz ; y yo decido hasta ahora, que efectivamente es así,y me lo creo. Y no caigamos en que lo feroz es malo o bueno es  en tramos muy intenso; es a muerte. Es pasión desbordante. No sé si volveré a esta entrada ,no lo creo ; porque estás primeras 100 pgs, que Vivían me ha regalado ya son soberbias , aunque decaiga hasta sería una deriba lógica . Sobre todo cuando hablamos de relaciones de dos seres que se conocen ,se aman y odian por tramos y nos están contando la vida de una Adulta y una niña- adolescente, con una mirada más que madura, en la que yo advierto, una escritora implacable a la hora de contar, y percibo honestidad. Es un placer leerla, señora Gordnik.

 

La leyde Igualdad de Genero aprobada en algunas Comunidades Autónomas Españolas.

Esta es la punta del iceberg; alquiler de vientres , las granjas de mujeres, la figura femenina una vez más a los pies de los hombres y el patriarcado.
Pero abre la puerta a una deriva que se inicia y por la que fácíl mente se puede aterrizar en un barranco.
Tenemos que tener claro que el sexo ha definido nuestro genero.Y siempre ha sido digamos que, bastante evidente, ver la diferencia.
Hasta ahora nacer varón o hembra , no es una cuestión de deseo; se nacía y con suerte te recibían decentemente. Es muy sencillo tus caracteres secundarios hacían el trabajo.
Primero sexo y luego se adscribe a uno u otro genero, masculino o Femenino.
Si ahora empezamos a luchar por el ser o tener no atribuciones de: igualdad civil , igualdad política, Igualdad sueldo….En fin de ser iguales en función de que hombres y mujeres tenemos la misma capacidad intelectual,que ya nos ha costado que la ley lo tenga escrito como norma, y por lo tanto de hacer que se cumpla, como algo cierto, lo que ni mucho menos significa que sea cierto en la vida de las mujeres de a píe.
Aprobar esta Ley implica que hombres,que han vivido como tales, que no saben que es vivir como una mujer desde que naces; la Menarquía – regla-, dolores menstruales…Hormonas desde muy pronto ,antes de la regla, en ebullición. Embarazo que es un riesgo que no tiene en la mayoría de los casos una culminación en un parto fácil,y que ha sido hasta el primer cuarto del siglo -XX – un trauma Físico y Psíquico .
Y en la vida de todos los días .¿Como va a sabe una mujer que está casándose con un señor y viceversa, si están operados/as , y no es necesario un examen ni físico psíquico. En fin que va a ser más complicado sacar el carnet de conducir que cambiar de sexo y más barato.
¿ Vaya por delante que yo he celebrado mucho el reconocimiento de los logros de la comunidad LGTBY, porque las mujeres que tenemos un pensamiento Feminista y hemos seguido las dificultades de nuestras predecesoras sus luchas y padecimientos por llegar a ser consideradas como”personas”, hemos estado ahí con nuestras compañeras de infortunio, porque entendemos…Somos empáticas hacia ellas y ellos, ya que como mujeres gestantes y más tarde madres y, — este es el meollo de la historía; nosotras, las mujeres feministas o no, somos las madres de los futuros hombres que nos han puesto trabas a lo largo de toda la historia. Y la cosa sigue.

A Coruña y el comercio de esclavos:Un gran puerto negrero

A Coruña y el comercio de esclavos:Un gran puerto negrero

Reportaxes | Publicada: 09/04/2016

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Tempo de lectura: 25 minutos e 43 segundos.

Iniciamos un serial sobre el comercio de esclavos a través del puerto herculino a cargo del investigador y escritor Rafael Lema.Primer capítulo.

Rafael Lema

El auge del negocio vinculado a la trata de negros en A Coruña creció a causa del deterioro del comercio con las zonas de Ultramar y la lucha prohibicionista en Inglaterra. Una lucha en parte hipócrita porque los ingleses continuaron con el negocio usando intermediarios gallegos, portugueses, franceses. En el siglo XVIII también hubo comerciantes gallegos en el negocio. Los años más importantes de aquella actividad fueron los comprendidos entre 1816 y 1820. En ese periodo, el número de expediciones salidas desde el puerto de A Coruña alcanza un total de 77, distribuidas entre diferentes comerciantes. El número total de esclavos transportados desde los puertos gallegos alcanzó la cifra de 6.854. unos 32 comerciantes locales trataban con “madera de ébano africana”. En el puerto de A Coruña en los años 1812 y 1813, el barco negrero de mayor era el Ysiar, con 350 tn de Trb y 15 pies calado. El menor, el Conception: con 25 tn de Trb y 6 pies calado. En estos años el puerto de A Coruña, convertido en uno de los vértices del triángulo del tráfico de esclavos de África a América, vivió su edad de oro de la Trata.PUBLICIDAD

En mi anterior inventario de naufragios dediqué algunos párrafos del anexo del corso al tema, pues ambos están ligados. La ruina del comercio y las guerras llevaron a muchos navieros gallegos a este negocio no ilícito ya que España en el siglo XIX mantenía el corso y la trata. Isabel Bugallal realizó recientemente una aproximación al recuento de la flota negrera coruñesa. Así habla de barcos coruñeses con nombres tan inocentes como Noticioso, La Herculina, La Mariquita o La Mariposa. Y otros más confesionales como Pura y Limpia Concepción, Jesús María y José o San Juan.

Los próceres coruñeses bautizaban de ese modo a los pequeños pero rápidos veleros (bergantines, galeones y fragatas) con los que hacían la trata de negros, una actividad a la que se vieron abocados tas la crisis pos napoleónica y los conflictos de la emancipación americana. Los armadores, muchos procedentes del corso, formaban parte de una incipiente burguesía que se debatía entre el Antiguo Régimen y el liberalismo. Era la élite de la época, instalada tanto en la esfera de los negocios como de la política. No había distinción política, entre absolutistas y constitucionalistas, en la trata de esclavos hacia los mercados americanos (Caribe, Texas y sur de Estados Unidos), como mano de obra barata para los ingenios azucareros y otros duros trabajos, cuando otros negocios como el corso o el comercio colonial mermaron. 

Entre 1816 y 1820, como apuntamos, se llevaron a cabo expediciones negreras. Este auge negrero fue consecuencia de la abolición de la esclavitud (1808) en Inglaterra, que aprovecharon los armadores españoles para hacerse con los barcos negreros ingleses y con sus infraestructuras. O asociarse de manera encubierta. Se calcula que en esos años los negreros españoles introdujeron en Cuba unos 111.000 esclavos. Entre 1836 y 1855 según datos cubanos entraron allí 137.806 esclavos. A ellos hay que añadir ya en esta etapa la entrada de gallegos, canarios, chinos e incluso indios yucatecas, en condiciones similares o peores a los negros. Insistimos en que detrás del negocio, en muchos casos, había armadores o negociantes ingleses que usaban a los gallegos de subcontratistas.

El comercio gallego de esclavos sigue siendo un tabú, porque afecta a reputados comerciantes, familias de abolengo, y al Estado; el rastro documental es escaso, salvo en archivos privados, camuflados en el comercio africano, en los documentos privados de los colegios notariales. “En Galicia han sido destruidas prácticamente todas las fuentes públicas que podían haber aportado información directa sobre la Trata: el encubrimiento social de los descendientes de los negreros les obligaría, con toda probabilidad, a ocultar el origen de sus fortunas”, sostiene Luis Alonso Álvarez, catedrático de Historia Económica de las Instituciones de la Universidade da Coruña, autor del libro “Comercio colonial y crisis del Antiguo Régimen en Galicia, 1778-1818”.

A la trata de negros se dedicaban armadores, comerciantes vinculados a la exportación de curtidos, vinos y aguardientes, reexportadores y salazoneros de sardina, en su mayor parte venidos desde Cataluña; muchos de los cuales habían llegado a la ciudad atraídos por la liberalización del comercio a finales del siglo XVIII. Y casi todos con negocio en el corso y el contrabando de armas desde la Guerra de Independencia de EEUU. También, vascos, riojanos de Cameros, asturianos y algún valenciano, que aprovecharon la apertura del puerto coruñés a los comercios ultramarinos. Una oligarquía endogámica, en la que todos emparentaban con todos y formaban sociedades mercantiles cruzadas, en donde el Estado participaba cobrando sus quiñones y vendiendo células, cargos (procuradores, síndicos portuarios) a las mismas familias foráneas asentadas en nuestras costas. Un negocio en el que no faltaban prestamistas, inversores e importantes propietarios de fincas rústicas y urbanas, bien burgueses enriquecidos, indianos o hidalgos. Así reputadas firmas comerciales coruñesas, viguesas y hasta compostelanas armaban o se asociaban en los fletes a intrépidos capitanes catalanes, gallegos (ex corsarios o arruinados del comercio y la guerra).

Apellidos que tuvieron arte y parte en el negocio fueron: Bartolomé de las Casas, José Blanco, Marcial Francisco del Adalid, José Arias, Francisco Romeu, José Mens, Manuel Sierra, José Fullós, Jaime Dalmau, Juan Bautista Larragoiti, Selisis, González del Valle, González Pola, Bartolí, Gurrea, Donato, Salvador Rivera Pecarrere, Antonio Santiago de Llano, Martín de Torres Moreno. Y Barrié, uno de los grandes nombres nacionales de la trata. Sin olvidar a la amplia colonia gallega allende el mar, en Cuba, en México. 

En Argentina, región en la que antes de la independencia había un 30% de población de origen negro, y con comercio directo con A Coruña desde Carlos III. Al respecto, la incorporación a España en 1778 de la actual Guinea Ecuatorial (Bioko, importante factoría negrera portuguesa y holandesa), lleva la rémora lucrativa del permiso a la trata de esclavos guineanos. Esta colonia africana se incorpora desde esa fecha al Virreinato del Rio de la Plata, hasta 1810, con el proceso independentista argentino. Los ingleses la ocupan entre 1826-32 con la disculpa de la lucha contra la Trata, pero vuelve pronto a España.

En esta época faena por la zona junto a negreros brasileños el famoso pirata gallego Benito Soto. En 1845 la reina Isabel II propone a los negros y mulatos libres de Cuba que regresen a Guinea, con escaso éxito. En 1861, la Corona ante la falta de brazos cubanos negros que quieran el retorno a su tierra fuerza al envío de 260 negros libres cubanos a Guinea. También indios caribeños son vendidos por los gobiernos de las nuevas naciones independientes sudamericanas, con españoles en medio. En enero de 1860, se cita la venta de cien yucatecos todos los meses en el vapor español a la Habana. Y la existencia de “viveros” de esclavos indios del español Francisco Martí.

Alonso Álvarez habla de 77 expediciones desde A Coruña a los negros. Apunta 13 a Juan Francisco Barrié. 4 a Bartolomé de las Casas Díez y 4 a José Blanco. 3 a Marcial del Adalid, Arias o Romeu. Pero la importancia corsaria del puerto (con 238 licencias entre 1798 y 1818), el carácter oscuro de este comercio y que muchos gallegos actuaban en comandita o de testaferros con bretones o ingleses dan fe de una mayor notoriedad de los navegantes locales. Ocultos en el comercio general africano, de maderas o cacao, etc. Juan Francisco Barrié D´Abadie, de origen francés, llegó a ser el principal negrero coruñés, aunque alguno de origen gallego asentado en Málaga le ganó en ingenio y valor (Pedro Blanco, el mongo de Gallinas, Senegal). Su biografía es conocida en los estudios locales. Propietario de una de las fábricas de sombreros más importantes de la época, organizó un total de trece expediciones, una cifra muy por encima de otros comerciantes coruñeses (Casas y Blanco le seguían a gran distancia, con cuatro expediciones cada uno).

 Barrié, prohombre liberal, condecorado con la Legión de Honor francesa y Caballero de la Orden de Carlos III, optó por la trata “atendiendo a la situación deplorable en que se halla nuestro comercio y teniendo la noticia de que algunas expediciones dirigidas a la costa de Guinea a efecto de conducir negros a La Habana habían producido decentes resultados”. Como él, también Romeu, José Ramón Santos o Adalid, entre otros muchos, se refirieron a la crisis del comercio colonial para justificar el tráfico de esclavos, que España se había comprometido con Inglaterra a abolir en 1817 pero quedaría en papel mojado a lo largo de buena parte del siglo.

El ejemplo del caso de la fragata española Libertad, la del conocido filme, demuestra como se seguía ejerciendo, pese a la prohibición. Estados Unidos la hizo efectiva en 1865 con el peaje de una guerra civil. El gran comerciante coruñés Jerónimo de Hijosa, aunque nacido en Medina de Rioseco se instaló en nuestra ciudad con 28 años y tuvo un afortunado matrimonio. Entre su amplio catálogo de negocios también figura la trata de negros. Al desarrollo de las hostilidades con Inglaterra armó buques en corso que le proporcionaron fabulosos ingresos y del mismo modo traficó con negros entre Guinea y Cuba con su nutrida flota. Y no podemos olvidar al coruñés Juan Menéndez, senador y banquero lucrado en la trata hasta 1840.

Hablaremos después de la importancia de los catalanes en la trata, bien asentados en Galicia o bien en su territorio. Antes citamos varios apellidos de origen catalán a los que debemos sumar el de un ferrolano ilustre, José Plá. Hermano del marqués de Amboage. El investigador ferrolano Juan Burgoa rechaza cualquier vínculo del marqués de Amboage con el tráfico de esclavos. Burgoa sostiene, de hecho, que Ramón Plá y Monge fue un auténtico ilustrado, y lamenta que a día de hoy se siga cuestionando la filantropía de un hombre que donó buena parte de su fortuna para que fuese empleada con fines humanitarios. 

Así explica Burgoa que “su fama de negrero hay que rebatirla, porque el tráfico de esclavos es un tema con el que el marqués de Amboage no tuvo nada que ver. Esa fama suya está totalmente injustificada. Realmente ese (el de esclavista) fue el caso de su hermano José, que fue dueño de una hacienda y de una plantación de café en la isla de Cuba, y que empleaba esclavos negros en sus instalaciones”. Así lo indica en su libro “El marqués de Amboage, Ramón Plá y Monge: un ilustrado ferrolano”. Es un caso de ascenso por méritos y ambición de un vástago de la emigración catalana a Ferrol, alguien que llegó nada menos que a obtener un alto título nobiliario, dar nombre a una plaza, y es recordado como benefactor en nuestros días.

Hacendado y comerciante en Cuba, a su regreso en 1884 recibe el marquesado. Pero tanto él como su hermano entre sus socios cubanos contaban con otros hacendados de nuestra comarca relacionados con la Trata (necesaria, imprescindible para mantener la economía isleña) como los Feijoo Pardiñas o los Patiño de Camariñas. Desde 1790 el corsario camariñano Ambrosio Álvarez Pardiñas, de Camariñas, entre sus negocios anda en la trata, con viajes al África, Brasil y Cuba. Se instalará en Pontevedra, en donde casa. Era amigo íntimo del último rey de Portugal. 

A los negros se dedicó un tiempo, incluso fundando tres poblaciones en Brasil, otro indiano camariñán y benefactor, Domingo Antonio Rodríguez Canosa, que deja en 1793 su herencia para construir la iglesia parroquial de su pueblo. O el obispo de Haití don Basilio Suárez de Lema, natural de Carantoña en Vimianzo, dueño de plantaciones de caña, que legó a su muerte en 1881 una gran fortuna en francos franceses depositados en el Banco Nacional de Francia en París a sus descendientes de la familia Carballo, en Ponte do Porto y Carantoña. Y un Carballo era en Cuba socio del más famoso de los negreros españoles de la època, el gallego malagueño Pedro Blanco. Con familia en la Costa da Morte por el lado materno, los Fernández de Trava. En esta madeja económica, la araña negrera en la isla todo lo envuelve. El futuro marqués de Amboage llega a Ferrol a la muerte del citado obispo y según indican sus familiares fue es uno de sus testigos en el testamento a la vez que por encargo del finado prelado hizo donaciones a varios templos, entre ellos a la iglesia de San Jorge en A Coruña (un cristo de marfil y dinero para misas) y la capilla de San Andrés. Los banqueros de la familia Pastor, también viejos conocidos de la Trata, custodiarán el legado económico del ínclito obispo gallego. La familia Carballo no verá un duro hasta 1911 cuando llegaron a Ponte do Porto dos grandes arcas de monedas de plata francesa a casa del boticario, don Gumersindo Rodríguez Carballo. 316.692 francos desde el Banco Nacional de Francia de París.

El comerciante y banquero coruñés más rico a mediados del siglo XIX era Juan Menéndez. Muy relacionado con la Costa da Morte, al morir tenia una flota de más de veinte navíos, participaciones empresariales en varios países, predios y una inmensa fortuna. Se relaciona su familia con el mecenazgo de un criado que llegó a obispo en Haití, y negrero. Basilio Suárez. Y su nombre aparece en el comercio de Camariñas del siglo XIX. Había forjado un imperio comercial, por mar y tierra, y adquirido numerosos bienes desamortizados tras 1830. Muy vinculado a la Costa da Morte era uno de los principales contribuyentes en los municipios de Camariñas, Muxía, Fisterra, Dumbría, Vimianzo y Cee. La fortuna de Menéndez provenía del tráfico de esclavos, desde su estancia en la habana, a donde llevaba negros africanos regresando a Europa con azúcar cubano. La abolición del comercio en otros países hizo incrementar su negocio. Juan Menéndez Fuertes, fue un gran hombre de negocios, armador de buques, consignatario, director de una compañía de seguros marítimos y comerciante al por mayor y menor. Nace en 1804, y muere a los 48 años. 

En 1.842 opera en A Coruña el primer barco de vapor, que une esta ciudad con Burdeos y otros puertos del norte de España. Senador vitalicio desde 1838, muere en 1852. En 1854, dos años después del fallecimiento de Juan Menéndez, su operario Eusebio da Guarda contrae matrimonio con su viuda Modesta Goicouría Cabrera, insigne dama, nacida en Cuba de padre bilbaíno y madre cubana, poseedores de una considerable fortuna. Se hace cargo de los negocios del finado con gran dedicación, capacidad y eficacia. Eusebio se dedicó sobre todo al comercio marítimo en sus diversas facetas: naviero, armador, consignatario, transporte de pasajeros (tropas a Cuba y Filipinas), y mercancías (granos, tabaco, coloniales, etc.), aseguradora y accionista de diversas empresas públicas. Fallece el 20-03-1897 a los 74 años y está enterrado junto con su mujer en el Panteón de la Capilla de San Andrés, cuya construcción, en vida, había pagado. Destaca como benefactor público, pero desde 1880 se desarrolla el grueso de sus inversiones filantrópicas, entre ellas la reconstrucción de la capilla coruñesa de San Andrés. En la misma tuvo aportaciones del obispo gallego de Haití Basilio Suárez de Lema, natural de Vimianzo. Daniel Carballo, diputado coruñés y pariente también del obispo, fue uno de los apoyos a sus obras ( el famoso instituto).

FOTOS- Portada Trekearth – 2 y 3 -Google Images- 4- El Ideal Gallego- 5 Puerto de A Coruña

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Un hombre de Corcubión y la revolución de Prim

Un hombre de Corcubión y la revolución de Prim

//Rafael Lema 

Cita

FB_IMG_1455307374535.jpgParece una postura de sumisión. Y es que la situación de la mujer, durante; ésto es sólo, ironía, y ahora la postura a la que la gran mayoría de la sociedad, aunque nos duela decirlo o dicho de otra forma ; había un silencio que indica a pensar que habíamos superado muchas de estas ideas que ,en falso ; se aceptaban por hombres y mujeres ya que estaba mal visto “viejuno” ,decir wqu la mujer tenía un lugar en la sociedad que todo el mundo ,sabía en el fondo cual era.   Ni más ni menos que el de siempre ,pero con otra fachada, y había conseguido votar ,trabajar, tener sus c/c,..estudiar..,vivir sola. Incluso hacer y hacerlo públicamente “comentarios alusivos y denigrantes relativos a la masculinidad masculina”;.  Qué si daban la talla. Pretendían que los hombres hicieran todo , al alimón, y en total igualdad con ellos. Todo esto digamos que coló, pero llegaron los populismos de Izda y Fecha, y algo latente y alimentado con lo mejor de cada medio de masas ecloxionó: – el idilio había terminado. Y la imagen de la sumisión femenina se volvió el sueño de una sociedad, esta vez pasada por universidad y demás pero muy bien manipuladas y, consentida en su pequeña esfera de confort,en el que siempre hay una madre trabajando en casa o dentro y fuera de casa. Una abuela ,una persona que ayuda para que las cosas no se tuerzan definitivamente y que suele ser mujer.

El populismo , los más media, las redes llenas de todo… En fin nuestra supuesta pequeña liberación se ha ido a dar la vuelta al mundo y toca salir ahí fuera pera traerla de nuevo a nuestra vida y si puede ser mejorada . Al fin y al cabo ya ha visto mundos y la mirada tiene que ser más compleja, más abierta, y solidaria.No te confundas ; no somos sumisas y si te descuidas te abandonaremos porque así,ya no soportamos vivir. * Por esa razón nos arriesgamos diariamente,y diariamente nos matan* 

Si no nos podéis amar, dejadnos tranquilas, dadnos respeto.

¿Por qué importa Natalia Ginzburg?

Natalia Ginzburg.

Pocos escritores han retratado la vida familiar, la erosión y los cambios que produce el tiempo, la decepción o las falsas expectativas con la exactitud y la sabiduría de Ginzburg.

Este mes se cumplen cien años del nacimiento de la escritora italiana Natalia Ginzburg (Palermo, 1916-Roma, 1991). Autora de libros inolvidables como Léxico familiarSagitario o Las pequeñas virtudes, Ginzburg es una gran escritora pequeña, capaz de contar la intimidad y el paso del tiempo. Ligera y profunda al mismo tiempo, su obra muestra una extraordinaria capacidad de percepción de las aristas del ser humano. Tras su prosa aparentemente modesta y natural hay una mirada comprensiva y un relato en off del siglo XX.

En 2002, Ignacio Martínez de Pisón escribía en las páginas de Letras Libres:

su imagen se aviene bien con la que uno ha acabado formándose de las protagonistas de sus historias, con esas mujeres indecisas y melancólicas, desorientadas, huidizas, conscientes solo de su condición incolora, frágiles o directamente rotas, culpables sin culpa alguna, atenazadas por la vergüenza, adultas contra su voluntad, mujeres que en buena parte desconocen sus propios sentimientos, que se sorprenden por el interés de los hombres, que se embarcan en matrimonios equivocados y en un momento u otro tienen que enfrentarse al vacío de la propia existencia… Con personajes así y con los episodios nunca extraordinarios de las crónicas familiares (las muertes y los nacimientos, los noviazgos y las bodas, las separaciones) supo Natalia Ginzburg levantar un mundo al mismo tiempo delicado y consistente, minúsculo y grandioso, íntimo y universal, y uno no puede sino preguntarse por qué ha sido tan escaso el eco que su obra ha obtenido en nuestro país.

La descripción de la obra sigue siendo precisa. Pero desde que Ignacio Martínez de Pisón escribió estas líneas, Ginzburg ha ganado reconocimiento en nuestra lengua. Su aniversario ha coincidido con la publicación en Acantilado de su segunda novela, Y eso fue lo que pasó, y la reedición en Lumen de tres de sus libros: la obra autobiográfica Léxico familiar, la novela Todos nuestros ayeres y la recopilación Las tareas de la casa y otros ensayos. Hablamos sobre su obra con la escritora Aloma Rodríguez, responsable de las páginas culturales del semanario Ahora, y con la poeta y editora Elena Medel, que ha escrito los prólogos de las reediciones de Lumen.

La familia es uno de los grandes temas de Ginzburg. ¿Qué importancia tiene en su obra?

Elena Medel: El mundo familiar es el motor y la excusa para muchos temas. Sus libros son pequeñas obras de ingeniería. Detrás de cada frase sencilla hay un trabajo de pulido finísimo. En la ficción, cuando recurre a la familia, tiene algo de excusa: en Léxico familiarutiliza a sus hermanos para hablar de la resistencia contra el fascismo. Y cuando habla de su madre se está refiriendo al papel de la mujer en la Italia de los años veinte y treinta: una mujer cultísima que está a la sombra de su marido. Podría decirse que escribe sobre lo que tiene más cerca para hablar de lo que tiene más dentro.

Todos nuestros ayeres, de 1953, se puede considerar una especie de ensayo de Léxico familiar. En tu prólogo, Elena, dices que es una novela de la guerra sin la guerra.

Elena Medel: Ocurre algo que sabes que está ocurriendo, pero sobre lo que ella no habla de una forma directa. Son muy importantes en su obra los ambientes, las atmósferas: cuatro frases de ella dicen mucho más que páginas y páginas de hechos y fechas. Cuando lees este libro estás más vinculada a sus personajes, al mundo interior. Los pretextos son el anzuelo o el hilo del que va tirando para construir la narración, pero pasan a un segundo, tercero, cuarto plano. Releyendo Léxico familiar me di cuenta de la importancia escasísima que tenía el marido, que apenas aparece en la obra. Ella se casa y no hace referencia. Y su marido fue quien la introdujo un poco en el mundo intelectual.

Aloma Rodríguez: Era una escritora pudorosa con respecto a su intimidad. No cuenta el acercamiento amoroso y de pronto descubres que se han casado.

En otros momentos de su obra, como en Todos nuestros ayeres, hay cosas menores que va contando de forma muy detallada y de repente se produce un gran cambio: “y los alemanes habían perdido la guerra”. Es solo una frase, pero es un cambio de escenario brutal, que tiene algo cinematográfico.

Aloma Rodríguez: A veces las noticias de la guerra llegan mediante otros personajes que están obsesionados.

Elena Medel: Hay fragmentos oscuros, aunque ella solía ser una persona muy luminosa. Incluso cuando cuenta catástrofes no hay punto de pesimismo ni amargura. La imagino escribiendo con luz natural.

También tiene un componente melancólico. Aparece por ejemplo en Léxico familiar, que es, para muchos, la obra maestra de Ginzburg.

Elena Medel: Lo puedes leer como una historia de Italia, pero a la vez como la historia de Europa antes de la Segunda Guerra Mundial. Es también la historia de una mujer que quiere construirse a sí misma. Podría haber tenido una vida fácil, pero se rebela para hacerse a sí misma. Para mí es también una reflexión continua sobre la escritura desde la vida. Cuando cuenta episodios de la infancia ya dice: “siendo niña ya miraba como una escritora”. Porque esos recuerdos los tiene construidos de una manera literaria. El retrato del padre, por ejemplo. Ginzburg tiene algo muy poético. Cada uno de sus libros tiene lecturas diferentes. Leí Léxico familiar hace unos años y este verano lo volví a leer y me pareció completamente distinto.

Aloma Rodríguez: Me pasó también, cuando he releído sus libros me parecen completamente distintos. Permite proyectar lo que tú necesitas: deja suficiente espacio como para que el lector pueda completar la historia y dar el enfoque que necesita, que busca, que quiere.

Elena Medel: Me parece un esfuerzo generosísimo por parte del escritor, esa capacidad de abrir el libro al lector. En mi caso lo siento más en poesía porque creo que es un género que se puede abrir más a esto. Por eso hablaba de lo poético de Ginzburg, que no tiene nada que ver con las metáforas o las imágenes, ni con la música, sino con la actitud.

Aloma Rodríguez: Ginzburg decía: “Escribo esto porque me han encargado escribir de cine, aunque yo no quiero, y además no sé.” Y de pronto se pone a hacerlo y lo logra: escribe críticas detalladas y muy trabajadas. Lo mismo pasa con la política. Poco antes de meterse en política publicó un artículo titulado “Sin mente política”. Era un poco el contrario a la profecía autocumplida: ella decía que no servía para una cosa e inmediatamente después se probaba que sí era capaz de hacerlo.

Hay un elemento que llama mucho la atención de su obra: la sensación del paso del tiempo, y cómo la percepción de los personajes va cambiando con él.

Aloma Rodríguez: Ella explica que ser la hermana pequeña había dejado una huella en su literatura. Tiene la necesidad de contarlo todo, porque al ser la hermana pequeña el rato de atención que le prestaban siempre era corto y debía contar muchas cosas en muy poco tiempo.

Elena Medel: Lo que me gusta de Léxico familiar es que ocurren muchas cosas de las que no nos damos ni cuenta, y además con una naturalidad enorme. Es algo complejísimo. No reflexionó por escrito sobre su método de trabajo, pero creo que fue una escritora de borrador y borrador y corrección continua.

Aloma Rodríguez: Es todo tan fluido que tiene que haberlo trabajado mucho. Es como si cada frase tuviera que ser así y no pudiera ser de otra manera. Eso es un trabajo que lleva muchísimo tiempo. Da la sensación de que juega con el tiempo como si fuera un chicle: las cosas que no le interesan las acorta y otras las estira, pero de una manera muy natural.

Elena Medel: Muy sutil también. Vuelvo otra vez al relato del padre que se prolonga durante páginas y parece que es el protagonista, pero de repente lo abandona por completo. Va haciendo lo que quiere con la historia y con el lector. Es una escritora muy libre.

¿Tiene una manera particular de abordar el mundo femenino?

Aloma Rodríguez: Como hemos dicho antes, era una escritora pudorosa. No suele dar detalles de la intimidad de los personajes, ni siquiera de los sentimientos. Una muestra de esto podría ser el texto “Él y yo”, recogido en Las pequeñas virtudes. De Todos nuestros ayeres, por ejemplo, me parece fascinante la historia de antes de quedarse embarazada. Cómo la protagonista está más o menos enamorada del chico pero se va desenamorando y Ginzburg lo cuenta todo como si no le importara, pero en el fondo dices: ¿cómo puede ser que no le importe? Eso algo que sucede también con la boda.

Elena Medel: En cuanto podía arremetía contra el feminismo. Una vez dijo: “No soy escritora, soy escritor.” Se negaba por completo al femenino. Y es paradójico, porque es una de las primeras escritoras que construyen personajes femeninos tan fuertes, tan independientes, aunque sus circunstancias las superen en muchos casos. Son personajes que tienen la voluntad de ser por sí mismos. Habla de mujeres pero apela por igual a lectores y a lectoras. Y muchas autoras de su generación hacen lo mismo en ese momento. Por ejemplo, Carmen Martín Gaite, que además la tradujo. Martín Gaite quería ser amiga de Ginzburg, pero ella nunca se dio por aludida. O Ana María Matute, más cruda, o Anna Maria Ortese. Es curioso establecer esa casi generación entre lenguas de mujeres de la misma época que escribieron con latidos semejantes.

Aloma Rodríguez: Ginzburg ha sido reivindicada por muchos escritores hombres. Pisón, pero también Félix Romeo, que tradujo Sagitario, que está descatalogado.

Durante mucho tiempo, ha sido una escritora de escritores. ¿Por qué ha ejercido ese atractivo sobre otros narradores?

Elena Medel: Leer a Ginzburg es como asistir a un taller de escritura. Construye los personajes de una forma muy veraz, nunca son blancos o negros, siempre tienen dobleces, matices. Esa forma tan caprichosa de tratar el tiempo, de dominarlo… es una lección tras otra. Atrae esa capacidad de sacar literatura de la realidad.

Aloma Rodríguez: Lo que admiro de ella es la capacidad para atraparte, para escribir de una manera natural y fluida. En mi caso lo que me mueve es la envidia, pero una envidia sana. Por ejemplo, Las palabras de la noche, que tradujo Andrés Trapiello, es un libro dialogado de principio a fin. Es una escritura clásica y al mismo tiempo moderna. Se atrevía a probar cosas nuevas. Tenía una preocupación especial por el lenguaje. De hecho, Léxico familiar surge como la necesidad de explicar una serie de palabras, de mostrar cómo las palabras son importantes. Decía que no quería comprender la realidad, que se conformaba con escribirla. El lenguaje es nuestra herramienta de comunicación con el mundo y con los otros. En Las pequeñas virtudes hay un ensayo sobre las relaciones humanas que es capaz de contar la historia de una vida en unas páginas y que explica también la importancia del lenguaje. Lo que me gusta es, por un lado, que habla del lenguaje sin pomposidad y te reconoces en su texto natural y nada aleccionador. Por otro lado, la capacidad que tiene para captar la vida, las cosas emocionantes, pequeñas.

Elena Medel: Sí, de tratar la emoción sin cursilerías, darle el lugar fundamental que tiene en nuestras vidas y en nuestras lecturas.

Aloma Rodríguez: Ginzburg consigue lo que todo escritor desea: hablar desde lo propio para todo el mundo.

Tiene muchos temas habituales. Pero hay dos que son recurrentes, el tema del secreto y el tema del engaño. Sus relatos a veces presentan a personajes que tienen expectativas equivocadas y las mantienen. Es algo que sucede en Sagitario.

Aloma Rodríguez: Y en Todos nuestros ayeres también. En la primera parte hay un personaje que cree que le va a suceder una cosa y luego no le sucede, y ahí hay un engaño, aunque digamos que es pactado.

Elena Medel: En muchos momentos su escritura trata de sobreponerse o de recuperarse de lo que no ha ocurrido, o de lo que no se esperaba.

Aloma Rodríguez: Sí, o de la fatalidad, que es un poco lo que le ocurrió a ella.

¿Cuáles serían las puertas de entrada ideales a Natalia Ginzburg?

Elena Medel: Empezar por Léxico familiar sería un error, porque es el más deslumbrante. Lo mejor sería empezar por Todos nuestros ayeres, seguir con Las pequeñas virtudes y terminar con los libros de no ficción declarada como los ensayos, la biografía rarísima que hizo sobre Chéjov o el libro de Serena Cruz, como curiosidades.

Aloma Rodríguez: Yo aconsejaría lo contrario: empezar por Léxico familiarporque es la manera de cautivar.

Elena Medel: Hombre, sí, porque si no te gusta Léxico familiar no te va a gustar Ginzburg, es evidente.

Aloma Rodríguez: Y Las pequeñas virtudes es un libro al que se puede ir y volver.

¿Qué es lo que aprendió de Chéjov?

Aloma Rodríguez: Yo creo que es el escritor al que más admira. Se siente hermanada con él en algunas cosas. Primero, la cuestión familiar (hermanos que te desbaratan la vida) y, segundo, la mirada humana sobre los personajes: eso también lo tiene Chéjov. Las tres hermanas es la gran obra de teatro sobre las expectativas no cumplidas.

Elena Medel: Comparten el gusto por los interiores en todos los sentidos, no solo físicos, sino del propio avatar de cada uno. Y tienen la mirada limpia, ambos escriben sin ningún prejuicio.

Aloma Rodríguez: Sí, no tienen ningún juicio moral de los personajes y los miran de frente. ~

El sol me está esperando.

El sol me está llamando, epequeño ya va haciéndose un  pelin más grande; me lleva a la ría.

Hacía tiempo que no entraba en el blog. Lo perdí, o no podía entrar en él por ….,no sé que extraña razón. La historía viene a ser así. Como es un blog sin ánimo de que alguién que no sea yo,y no soy escritora, lo mantengo en forma gratuita.  Qué sentido podría tener un lugar , bueno lo llaman dominio que me imagino que será por condominio, o sea que nadie puede copiar o utilizar lo que escribas para ponerlo o pegarlo en otro lugar. Mirado de esa forma parece correcto, pero presuntuoso. Porque es presumir mucho que todo lo que escribe tenga valor literario. Sin embargo creo que eso es lo que pasa. A mi también me encantaría ser escritora ,pero a día de hoy no lo soy, supongo que por diversas razones pero no me cabe ninguna duda de que la más importante para mí; es no tener el valor de liarme la manta a la cabeza ,perder el miedo, la vergüenza y atreverme a canalizar las pequeñas historias, que definen la vida, de seres que como yo somos nadie; buscar esos personajes que para mí ya tienen diversos nombres porque siempre que escribo una pequeña entrada. Vamos ¡una fruslería! O, pienso en élla, que tiene nombré o nombres que forman como un pequeño vecindario;  Flavia, Amelia, Carmiña o Áurea ,y una vive en el primero izda Antonio en el tercero drcha..,etc. No he escrito Ada de ellas , sí también hay ellos pero no los siento ,mejor dicho me resulta lioso tratar con los hombres, puedo entender incluso compartir sus angustias e ideas; pero y,cada vez más entender lo  que les pasa por la cabeza o ,mejor dicho sus cuerpos. Porque soy de las que pienso que nuestro sexo configura nuestra mente, quizá es que te go prejuicios o soy corta de miras ; no significa lo mismo pero el resultado para mí es que yo no he vivido en el cuerpo de un hombre y como además soy feminista ,no puedo evitarlo¡ Y ya tengo unos años que no es por presumir de experta , es que por suerte y aqui es cuando hay que hacer el brindis al sol obligatoriamente, ¡ Vaya dar gracias por estar viva y relativamente bien, que  es.cierto  sin echar cohetes porque tampoco la cosa ha sido para tanto y tampoco estoy como una rosa ,pero es que no puedes decir ni hay. Ni se te ocurra quejarte de algo,es muy .al visto,por todo el mundo. Nos hemos vuelto muy ¿Calvinistas, protestantes? Como sea que nos convertimos enejueces muy implacables…,es igual que estés ya en la.adurez, no importa, la queja en general siempre ha estado .al vista pero ahora ¡ Después de esta maldita crisis ! Qué ha dejado todo y a todosbajo minimo, o eso es lo que parece del buenísimo aparente no te puedes fiar. A la menor se te echan a la chepa. ¿ Por qué? Les han robado, la sanidad ha quedado por los suelos ,se han quedado sin empleo…etc , y tú que no te e teraste de que èramos ricos, hiciste la vida de tonta hormiga te quedaste sin empleo o con la salud por los suelos o se te murió y estuviste criando, y tus amigas te miran como si fueras un geroglifico egipcio o tu o tu pareja ya no sabéis porque un día se os ocurrío  casaros ; bueno eso si, porqué sinceramente no tuvistéis tiempo para conoceros y luego menos tiempo….No tuvistéis opción y ahora pues aunque perdidos aparte de que económicamente mejor juntos que por separado ….. No creo que ninguno de los dos pueda tener muy claro lo que sentimos ahora el uno por el otro. 

Bueno pues  el sol me está esperamdo. Y se puede marchar, ¡ Y yo ya no me puedo permitir el lujo de que me den plantones!